Portovelo todavía se sostiene en el trabajo de la minería
En 1849 se desató una fiebre en Estados Unidos: la del oro. Hombres de todo el país emigraron principalmente a California, en busca de fortuna. Portovelo, en el sur del Ecuador, tuvo un fenómeno similar en 1890 con la llegada de los franceses, quienes deseaban la riqueza escondida bajo la tierra.

Pero lo estadounidenses, en 1898, les ganaron y se instalaron con la Southamerican Development Company (Sadco), la primera empresa grande que se instaló en el sector. Luego de 50 años de operar en la zona, esta habría extraído 5 millones de onzas del precioso metal, según Johnny Pacheco, presidente de la Cámara de la Pequeña Minería del cantón Portovelo.

Portovelo es hoy un poblado de unos 18 000 habitantes. Todo el pueblo, desde los comedores, las tiendas, el mercado hasta el cibercafé de la esquina, dependen de la actividad minera.

“Portovelo sin minería se muere”, sentencia Pacheco, quien pertenece a la segunda generación familiar dedicada a este negocio. Dice que el futuro del pueblo aún está en la minería, pero más tecnificada y amigable con el medioambiente.

“La primera generación de mineros era simplemente burros de carga de los americanos. La segunda ya nos preparamos un poco más, y tenemos una visión más a futuro. La tercera será aún más preparada y verá a la minería al largo plazo”, explica Pacheco.

El pueblo se constituyó en el complejo minero más importante de la época, cuando aún Chile y Perú no alcanzaban un grado mayor de desarrollo. Sadco fue la primera transnacional minera.

La llegada de los gringos trajo un desarrollo enorme al pueblo. Ubicado como un enclave en medio de las montañas, en la provincia de El Oro, pasó de ser un caserío viviendas de madera y calles polvorientas a tener casas de cemento, adoquines y una población en crecimiento, llegada de diferentes rincones del Ecuador. Además de peruanos y colombianos.

Ahora quedan pocas casas de madera. Las que hay están en las barriadas marginales, construidas sin ton ni son en las faldas de las montañas.

La primera debacle de la actividad llegó cuando los estadounidenses se fueron, dejando atrás un ejército de hombres sin trabajo y ninguna infraestructura.

Salvó al pueblo la entrada en funcionamiento de la estatal CIMA (Compañía Industrial Minera Asociada), conformada por ex trabajadores de la Sadco y el Municipio de Zaruma. Funcionó hasta 1978, cuando quebró.

Para Magner Turner, mitad gringo y mitad portovelense, geólogo y director del Museo de Mineralogía de Portovelo, la minería en el pueblo se remonta a la época incaica. Incluso los españoles trajeron judíos a trabajar en las minas en esta zona.

“Los accidentes en minería siempre ocurren. Es una zona frágil. Se ha mejorado mucho en esta actividad en la última década, por ejemplo ahora ya no se usa mercurio para extraer el oro, se ha tecnificado más”, explica Turner.

Reconoce, eso sí, que aún falta la legalización de las operaciones mineras artesanales y adoptar un proceso de tecnificación. Las empresas mineras grandes, como Elipe, Emicor, Oroporto, entre otras, son más establecidas y formales. Pero existen otras 110 plantas de la denominada minería artesanal. Estas se reducen a cuatro o cinco hombres que escarban la superficie buscando oro, en minas superficiales.

Otros buscan oro en sitios ya viejos, algunos de la época de la Sadco. Las minas están tanto en el área urbana como en los alrededores del pueblo. El cantón se conmovió la semana pasada con la muerte de cuatro mineros en la mina Casa Negra, a causa de un deslizamiento en las galerías.

Hay irregularidad en el trabajo de los mineros informales de diferentes provincias del país y también de Perú. Se contrata a peruanos sin papeles, a quienes los envían a las labores más duras.

También hay los llamados condominios. Son áreas concesionadas que son explotadas por pequeños mineros, quienes en ocasiones deben pagar al propietario de la concesión en dinero o en minerales, como un saco de cuarzo. Muchos mineros optan por no cancelar nada y trabajar en la clandestinidad.

“Hace falta un mapa de vulnerabilidad. Aparatos inteligentes para trabajar y buscar las vetas. Un hospital especializado en minería”, sostiene Turner. “Además en las minas existen líquenes (hongos) que si bien no son mortales, son peligrosos. También se registran casos de silicosis, una enfermedad producido por el sílice (un mineral), que endurece los pulmones”.

El hospital más cercano es en Zaruma. Allí atiende al menos 30 mineros a la semana. Asfixia, contaminación por químicos, golpes y raspones por el trabajo bajo tierra son las causas más comunes.

Turner calcula que a diario se extraen 20 kilos de oro. A la cotización actual, de USD 1 333 por onza, el negocio diario en Portovelo generaría USD 900 000.

Cada minero gana entre USD 12 y 15 por guardia (6 u 8 horas). A la semana, con esfuerzo, un trabajador puede hacer hasta 260.

“El oro en Portovelo no se ha agotado. Calculamos que hay para 200 años”, asegura Pacheco.

Lo único cierto es que cada vez que las grandes empresas se han ido de Portovelo, lo que queda detrás es un pueblo fantasma, donde no hay agricultura, ni pesca, ni comercio, ni otra forma en la que puedan ganarse la vida.

FUENTE: EL COMERCIO
FECHA: 25/10/2010

 

 
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